No sería demasiado afirmar que una persona que proviene de un hogar amoroso, que le brinda apoyo, tiene una gran ventaja en la vida. Muchas personas logran salir adelante, aunque provengan de situaciones familiares poco ideales, pero el tener cubiertas las necesidades básicas, contar con el amor de los padres y aprender las lecciones de la vida en el hogar, hace que los desafíos de la vida diaria sean mucho más fáciles de afrontar. De igual manera, como adulto uno desea un hogar feliz para su familia.
Esto no es casualidad. Dios nos organiza en familias para que podamos crecer en un ambiente de felicidad y seguridad, para que así podamos aprender a amar a los demás desinteresadamente; ésta es la clave de la verdadera felicidad. El mejor lugar para aprender a amar a los demás de la forma en que el Padre Celestial nos ama a cada uno de nosotros es en el seno familiar.
La Iglesia de Dios existe para ayudar a las familias a obtener bendiciones eternas. Creemos que la mayor bendición que Él nos da, es la capacidad para regresar a vivir con Él en el cielo junto con nuestras familias. Seguimos la voluntad del Padre Celestial porque ésta es la manera en que obtenemos esta bendición.

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